Discurso de Amelia Amezcua, directora de la Fundación para el Desarrollo de la Enfermería, en la gala de los Premios ED 2021


Impresiona y a la vez emociona y mucho, ver el Teatro Real lleno, después de todo lo vivido. Hace dos años y medio celebramos aquí el 30 aniversario de FUDEN y tuvimos la suerte de que también muchísimas enfermeras nos acompañaran.

Pero si les digo la verdad, no pensé que volviéramos a ver a 1800 personas congregadas en torno a la Enfermería. Ha sido una convocatoria de premios y una gala más cargada de incertidumbres que de certezas: ¿se presentará alguien? 249 candidaturas ¿Querrán venir? ¿Llenaremos el Real? Y aquí estamos.

Y es que esto de bandear la incertidumbre es “vida enfermera” en estado puro: ¿sacarán la planilla del mes que viene? ¿Resolverán la OPE? ¿Cerrarán mi unidad? ¿Saldrán los traslados? ¿Me renovarán el contrato? ¿Abrirán los centros de salud cerrados?

Ministra, Consejeros, desde el cariño, un poco de estabilidad entre tanta incertidumbre sería de gran apoyo para conciliar todas las agendas que tenemos a nuestro cargo, personales, familiares y laborales; mejorarían la vida de 300.000 mujeres del país

Y también forma parte de la esencia enfermera el piel con piel; somos una profesión de contacto y nuestros premios necesitan presencia, requieren ojos que miran, manos que aplauden y sostienen, temblorosas, premios, que abren sobres, voces que se quiebran… Nuestros premios necesitan un patio de butacas lleno de los verdaderos protagonistas de la noche, que observan y que escuchan. Y aunque a todas nos ha costado llegar hasta aquí, ha llegado el momento. 

El telón se abre para dar testimonio de vida, de trabajo y de esfuerzo; el escenario se convierte en un enorme espejo donde podemos ver la realidad de la profesión enfermera; esa que no se plasma en ningún otro medio ni en ningún periódico. Este espejo volverá a reflejarnos lo que hemos sido en el 2021, pero sobre todo, nos hará pensar en quién queremos ser en el 2022. Porque igual que de una boda sale otra boda, he podido constatar, y confieso que es algo que me encanta, que de cada gala de premios, salen nuevos candidatos y nuevos proyectos. Cada convocatoria, moviliza y remueve los saberes de la Enfermería, y esto, aumenta la capacidad de respuesta de todo el colectivo y de toda la sociedad. Porque esos proyectos y sus protagonistas nos inspiran, nos abren horizontes y nos convierten en personas más comprometidas y en profesionales más exigentes. Porque hay otra gran verdad que cada año se revela en este escenario en todos los proyectos y que reflejan muy bien, por ejemplo, Adelaida, Aroa y Ana María, nuestro Premio Fuden TV. Y es, que ser enfermera, es más que una profesión. Es una forma de ser y estar en el mundo. Ser enfermera exige poner en marcha un proyecto vital de implicación personal y emocional conectado a las necesidades de las personas que te rodean; donde quiera que estés. Esto de la enfermería llega a ser una filosofía que se funde en ti, en tus ojos, en tus manos y que explica tu vida, habla de ti. Más que una profesión, es una pasión que nos lleva a implicarnos, y también a complicarnos.

Es una posición mucha veces incómoda y pesada, pero cuando llega el último jueves de noviembre, en esta gala de premios ves muchas personas que comparten tus mismos sueños, y aquí nos encontramos, nos abrazamos y sobre todo, nos impulsamos unas a otras.

Quiero pensar que somos una profesión un poco más unida tras la pandemia; y que estos premios de FUDEN, que congregan a tantas personas en torno a nuestras estrellas de la Enfermería, contribuyen a esa unión. Y van tejiendo cada año una red mayor de estas grandes profesionales que nos sostienen y nos conmueven. Unas enfermeras dispuestas a ejercer la totalidad de las competencias que nuestra formación nos habilita; sin miedo a asumir las responsabilidades individuales y las tensiones organizacionales que esto implica.

Los premios son una forma de luchar contra el anonimato y la invisibilidad; esa que nos sigue acechando cada día cuando en vez de nombrarnos, hablan de rastreadores, de vacunadores o de profesionales de la salud, en vez de hablar de enfermeras. Porque la nueva normalidad se ha construido también sobre algunos silencios y olvidos. La pandemia no se ha resuelto gracias a unos héroes con super-poderes y ciencia ficción; la pandemia ha sido cuestión de planificación, liderazgo, entereza, capacidad resolutiva y ciencia de muchas enfermeras. Porque durante la pandemia muchos ciudadanos nos han conocido más, y también reconocido, porque nos hemos ganado el corazón de las personas; formamos parte de la biografía de muchos seres humanos y sus familias, y de la historia colectiva, y hemos hecho historia y no nos pueden borrar. Y lo cierto es, que tras estos grandes corazones enfermeros que han conquistado a las personas, hay mentes brillantes. Pero esto, no se ha dicho. Porque también hemos demostrado inteligencia política, y hemos sido capaces de generar discurso político y científico. Hemos ocupado estos espacios públicos por responsabilidad, por nuestro interés superior en las personas, y por derecho. No por afán de protagonismo ni competitividad. Y estamos en los corazones de las personas, por nuestros hechos; y estamos en política y en gestión, por derecho propio, por nuestros méritos y competencias. Y vamos a quedarnos aquí; en el corazón de las personas y en los espacios de política y de gestión.

Pasen y vean, porque ya no hay marcha atrás. Hoy el telón del teatro real se abre para aplaudir el talento que han derrochado las enfermeras en el 2021 y soñar con el 2022. Con incertidumbres, pero imparables ya.

 

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